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JAYAL, la Imaginación creadora:El sufismo como fuente de inspiración

 

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sem feb 2014

Muhyiddin Ibn Arabi: El tesoro de la compasión

¡Qué maravilla un jardín

en medio de tanto fuego!

Capaz de acoger cualquiera

de entre las diversas formas

mi corazón se ha tornado:

Es prado para gacelas

y convento para el monje;

para los ídolos, templo,

Kaaba de quien le da vueltas;

es las Tablas de la Tora

y es el Libro del Corán.

La religión del amor

sigo adonde se encaminen

sus monturas, que el amor

es mi práctica y mi fe.

 

 Ibn Arabi, Taryumân al-ashwâq (El intérprete de los deseos). Casida XI. (Trad. P. Beneito) 

 

   Por Stephen Hirtenstein                                      

  

 Muhammad Ibn Ali Ibn al-Arabi nació en Murcia, en el sureste de España, en 1165 d. C. (año 560 de la Hégira), en un momento de esplendor de la cultura andalusí.

 

Desde la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica en el 711 d.C., el sur de la Península se había arabizado, y el árabe se había convertido en la lengua común de toda la gente culta. En  al-Andalus las tres tradiciones abrahámicas principales, es decir, el judaísmo, el cristianismo y el islam prosperaron conjuntamente con una cierta armonía, y fueron muchos los que las consideraron como caminos diferentes hacia un mismo final. Era un mundo enormemente rico y talentoso, como todavía podemos apreciar en edificios como la Alhambra de Granada, o la Mezquita de Córdoba; un mundo donde los grandes clásicos de la literatura griega, sobre todo Aristóteles y Platón, fueron traducidos (primero al árabe y luego al latín) y estudiados junto con las enseñanzas espirituales de las tres religiones abrahámicas.

 

La puerta de la Mezquita de Córdoba, donde Ibn Arabi asistió a diversos cultos.

 Ibn Arabi creció en una atmósfera empapada en las ideas científicas, religiosas y filosóficas más importantes de su época. En una época en la que la comunicación de masas era inexistente, esto fue un ingrediente esencial en la formación de una de las mentes más brillantes del mundo occidental. Como se muestra en el poema anterior, Ibn Arabi no se contentaba simplemente con saber sobre las cosas, ni con seguir un camino en particular. Aunque muchos escritores lo hayan caracterizado como un gran maestro sufí firmemente arraigado en el mundo islámico, sería una equivocación limitar su atractivo al público musulmán o verlo simplemente como un gran pensador medieval. Su objetivo exclusivo y principal era conocer la realidad tal y como es, sin importar de qué modo se represente. Lógicamente, se expresaba dentro del contexto cultural que él mismo conocía, pero da por sentado que sus lectores tendrán la misma actitud resuelta, enfocada a la pasión por la verdad, y sus escritos tienen un tono muy contemporáneo: “todo lo que nos deja la tradición, son meras palabras. Está en nuestras manos averiguar lo que significan”.

 

Esta pasión se manifestó en él desde una edad muy temprana. Durante su adolescencia, como muchos adolescentes antes que él y sin duda desde entonces, solía dividir su tiempo entre ser un estudiante serio, que estudia el Corán, la ley islámica, etc., y pasárselo bien con sus amigos. En medio de una de estas fiestas nocturnas en Sevilla oyó una voz que le llamaba: "Oh Muhammad, no fuiste creado para esto". Se alejó consternado y durante varios días permaneció en retiro espiritual junto a unas tumbas. Aquí fue donde sucedió un evento fundamental: su triple visión, en la que se encontró con Jesús, Moisés y Muhammad (Mahoma) y fue instruído por ellos. Fue una iluminación que simultáneamente lo inició en el camino espiritual y lo asentó en su función de maestro. Esta visión ocurrió en el mundus imaginalis (Mundo Imaginal, o barzaj),la presencia imaginativa donde Dios se le manifiesta directamente al aspirante espiritual, e Ibn Arabi recibiría muchas iluminaciones de esta clase a lo largo de su vida. A partir de este entendimiento emprendió el viaje de su vida; un viaje que no sólo le llevaría de un extremo a otro del mundo arabófono, sino que también le revelaría la intensidad plena de la vida espiritual más notable, que mediante sus obras ha marcado, formado y transformado a todo aquel que ha entrado en contacto con ellas.

 

Principio de Unidad

 

Es difícil transmitir algo más que unas pinceladas de las enseñanzas de  Ibn Arabi, porque sea cual sea el punto de partida, sea cual sea el punto de vista que se sostenga como verdadero, es como adentrarse en un océano. Como en el caso de Bach, incluso la cantidad de su producción literaria asombra, con aproximadamente 300 libros, tratados y colecciones de poesía, de las cuales quizás se conserven todavía 200  (una de ellas, al-Futûhât al-makkiyya o Las iluminaciones de La Meca), se estima que llegaría a las 17.000 páginas en su nueva edición). Sin embargo, en realidad el problema no es el volumen total de trabajo, que requeriría toda una vida o más de estudio, sino la extraordinaria calidad del material, que exige mucho al lector.

 

La primera página de al-Futûhât al-makkiya, .Manuscrito de Konya, escrito a mano por Ibn  Arabí.

 

A pesar de todo, se nos da una clave para comprender: la visión triple de los tres grandes profetas de la tradición abrahámica, que para Ibn Arabi transmiten el mismo mensaje, esto es, la misma religión esencial del amor. El autor considera a todos los profetas y santos como maestros de esta religión fundamental.

 

 

No hay más conocimiento que el tomado de Dios, ya que solo Él es el Omnisciente…. los profetas, a pesar de su gran número y de los largos períodos de tiempo que los separan, no tenían ningún desacuerdo en el conocimiento de Dios, ya que lo tomaron de Dios.

 

 

 

Al-futûhât al-Makkiyya (Las iluminaciones de La Meca) II. 290.

 

Trad. al inglés por W. Chittick, “The Sufi Path of Knowledge”.

 

 

La visión de Ibn Arabi apunta precisamente a esta toma directa de Dios, sobre la que existe unanimidad a través de todas las tradiciones. En Occidente, esto a veces se ha mencionado como la tradición de Abraham, ya que es de la revelación dada al profeta Abraham de la que surgen las tres religiones del mundo occidental. (Nota: Se hace referencia a la familia de Abraham tanto históricamente como espiritualmente; el Profeta Muhammad dijo que él había venido para purificar la religión de Abraham, y Jesús dijo " Antes de que Abraham estuviera, estoy yo"). El punto principal de la perspectiva abrahámica es el significado del monoteísmo, que ha sido muy mal entendido y al cual se ha prestado muy poca atención. En esta tradición, no se entiende a Dios como un Ser, ni siquiera como el Ser Supremo más allá del universo, ya que ambas concepciones implican que hay otros seres fuera de Él.

 

 

Lo que se entiende por Dios es simplemente el Ser como tal. Esto nunca puede convertirse en un objeto de conocimiento, contemplación o pensamiento; sólo puede conocerse como incognoscible, pero al mismo tiempo se presenta como el conocedor y el conocido, el que contempla y el contemplado, el amante y el amado. Como dice Ibn Arabi:

 

 

... la existencia atribuida a lo creado es el Ser de Dios, ya que lo posible no tiene existencia.

 

Sin embargo, las esencias de lo posible son receptáculos para la manifestación de este Ser...

 

Los verificadores consideran como algo establecido que no hay nada en el Ser excepto Dios.

 

 

 

Al-futûhât II. 69. Trad. por W. Chittick.

 

 

De este modo, la idea fundamental de la mentalidad semítica es que la causa última de todo, en cualquier ámbito, es una. Y las cosas, ya sea la masa más grande o la partícula subatómica más diminuta, son un perpetuo estado de transformación de ese Uno. Existe un contacto directo entre cada cosa y su realidad, de forma que cada uno recibe el Ser según su grado de preparación. Por lo tanto, una abeja determina su propia creación como una abeja. Esto no sólo es un hecho ontológico, intelectualmente aceptable como premisa pero sin aplicación, sino que también hay una larga tradición de experiencias en el ser humano, y quizás esto sea lo más importante, de descubrir que esto es cierto. Cada vida, sea consciente de ello o no, es un viaje de descubrimiento de lo que realmente significa esta unicidad del ser.

 

Como diría Ibn Arabi, la totalidad de la vida espiritual comienza con la comprensión de este hecho, y termina con él. Lo que queda en medio es el descubrimiento de cómo es así en cada instante, en la intimidad del corazón de cada individuo.

 

Entonces, el descubrimiento de Dios es al mismo tiempo el incesante autodescubrimiento del individuo. El mundo ya no es estático, sino el teatro dinámico de la manifestación Divina, y cada movimiento en él es esencialmente un movimiento por amor a Dios. Sucede simultáneamente que “es Él y no es Él” como dice Ibn Arabi, justo como sucede con la imagen de una persona ante un espejo.

 

La característica que emplea a menudo en sus escrituras es la de la interacción constante de la paradoja, similar al “koan” en la tradición Zen, para forzar la mente hasta alcanzar su límite, de modo que la verdad se pueda ver sin restricciones.

 

 

Filosofía y entendimiento

 

Esta es la paradoja que se describe maravillosamente en una reunión entre Ibn Arabi y el juez decano de Sevilla, el famoso jurista y filósofo Averroes (Ibn Rushd), quien escribió un conocido comentario sobre Aristóteles.

 

Pasé el día en Córdoba en la casa de Abu Al-Walid Ibn Rushd (Averroes), quien había expresado su deseo de conocerme en persona, ya que se había enterado de ciertas revelaciones que yo había tenido estando en retiro espiritual y había mostrado un asombro considerable respecto a ellas. Consecuentemente, mi padre, que era uno de sus amigos más íntimos, me llevó con él con el pretexto de los negocios, para darle a Averroes la oportunidad de conocerme.

 

En aquella época yo era un joven imberbe. Cuando entré en la casa, el filósofo se levantó para saludarme con todos los signos de amistad y afecto, y me abrazó. Entonces me dijo “Sí”, y mostró satisfacción al ver que yo le había entendido. Por otra parte, al ser consciente del motivo de su satisfacción, le contesté “No”. Al oir esto se alejó de mí, cambió de color y pareció dudar de lo que había pensado sobre mí. Entonces me preguntó lo siguiente: “¿Qué solución has encontrado como resultado de la iluminación mística y la inspiración divina? ¿Coincide con aquello a lo que se llega por el pensamiento especulativo?”. Contesté: “Sí y no. Entre el Sí y el No los espíritus toman su vuelo más allá de la materia, y los cuellos se separan de sus cuerpos. En este momento Averroes se puso pálido, y lo vi temblar al mismo tiempo que murmuraba la fórmula “no existe ningún poder excepto el de Dios”. Dijo esto porque entendió mi alusión... Después de esto procuró que mi padre le dejara verme para explicarme lo que había entendido, ya que quería saber si su comprensión y la mía se ajustaban o eran distintas. Era uno de los grandes maestros de la reflexión y el estudio racional. Dio gracias a Dios por haber visto, en su misma época, a alguien que había entrado en el retiro espiritual siendo un ignorante y había llegado a ser así, sin estudiar, debatir, investigar o leer.

 

 

“Sufis of Andalusia” (“Los sufíes de Andalucía”) trad. al inglés por R. W. J. Austin, 1971.

 

Reimpresión Beshara Publications, 1988. p23.

 

 

La diferencia entre Ibn Arabi y Averroes no es la del místico iletrado e inculto y el filósofo erudito. Ibn Arabí no era ni iletrado, ni inculto en cuanto a la ortodoxia. (Nota: La verdadera persona 'iletrada', como dice Ibn Arabí, es alguien que “no usa pruebas racionales para alcanzar el conocimiento de cosas divinas”. (Al-futûhât I. 644)). Era muy experto en el pensamiento filosófico de su época, y muchos de sus libros tratan problemas filosóficos de forma bastante específica. La verdadera diferencia está en el camino por el cual se alcanza el conocimiento, si por el pensamiento reflexivo o por el entendimiento místico. Esto está claramente representado en un segundo encuentro, esta vez en una visión que tuvo Ibn Arabi:

 

Un fino velo nos separaba a él y a mí de tal modo que yo era capaz de verlo, mientras que él era incapaz de verme a mí, ignorante de mi presencia. Él estaba tan absorto que no me prestó ninguna atención, y me dije a mí mismo “No está destinado a seguir el mismo camino que yo”.

 

Futuhat I. 154. Trad. al inglés por. C. Addas, “La Quête du Soufre Rouge”.

 

Se da a entender así que la sabiduría filosófica está basada en la reflexión, y está limitada al dominio, dividido y personal, del “Sí” y el “No”, mientras que la sabiduría mística está fundada en la experiencia directa (a menudo llamada “saboreo” o “gusto”) y es tan indiscutible como los actos de percepción de los sentidos. La realidad del “fino velo” entre las dos sólo se puede ver del lado de la contemplación mística, aunque la posibilidad puede ser admitida filosóficamente. Sin embargo, Ibn Arabi iba a ser el primero en confirmar que todos los seres humanos tienen esta misma capacidad para la sabiduría mística, solo por el mero hecho de ser humanos. No es el privilegio de un grupo selecto, sino que está abierta a que todos la escojan. Lo que él se esfuerza por alcanzar es la integración completa del ser humano, con todas sus facultades, en la tarea de cumplir “aquello para lo que  fue creado”.

 

El camino espiritual

 

En su juventud, Ibn Arabi se puso bajo la dirección de varios maestros espirituales, tanto en el sur de España  como en otros lugares, pero siempre había una relación ligeramente ambigua entre el maestro y el alumno. Por un lado, tuvo que aprender todo lo que pudo de aquellos cuya experiencia del camino espiritual era mayor; por otro, su comprensión espiritual innata y su capacidad para aprender se ganaron un respeto enorme. Entre los muchos gnósticos que menciona en su libro sobre los Sufíes de Andalucía destaca una mujer llamada Fátima:

 

Fátima vivía en Sevilla. Cuando la conocí, rondaba los noventa años. Al mirarla de un modo puramente superficial, uno podría haber pensado que era una simplona, a lo que ella habría contestado que el que no conoce a su señor es el verdadero simplón.

Ella solía decir “de aquellos que vienen a verme, no admiro a ninguno más que a Ibn Arabi”. Cuando le preguntaron la razón de esto, ella contestó “el resto de vosotros venís con una parte de vosotros mismos, dejando vuestra otra parte ocupada en vuestras otras preocupaciones, mientras que Ibn Arabi es un consuelo para mí, ya que él viene con todo su ser. Cuando se levanta, lo hace con todo su ser, y cuando se sienta lo hace con todo su ser, sin dejar ninguna parte de él en otro lugar. Así es como debería suceder en el Camino”.

 

“Sufis of Andalusia” (“Los Sufíes de Andalucía”), p. 143.

 

 

Al leer este u otros episodios de su vida, uno es consciente inmediatamente de que Ibn Arabi no está simplemente contando una anécdota sobre su propia experiencia, sino que está aconsejando a otros para que aprendan de ella.

 

Cuando se fue definitivamente de Al-Andalus en el 1200, a la edad de 35 años, Ibn Arabi ya gozaba de cierto prestigio como maestro espiritual, y sus conocimientos y su estado eran muy altos. El Al-Andalus que dejó atrás fue sepultado gradualmente por la conquista cristiana, e incluso hoy en día poco se sabe o se aprecia de los logros de Al-Andalus. El Oriente Medio al que viajó después, luchaba por consolidar la aparente estabilidad que Saladino había conseguido arrancar del caos de la Tercera Cruzada.

Egipto, Siria, Irak y Palestina se unieron, de una forma un tanto débil, bajo una bandera.

 

Miniatura persa de finales del siglo XVI, del periodo de Safaví  en el que se presenta a Ibn Arabi montado a caballo con dos estudiantes. Cortesía de la Biblioteca Bodleian, Oxford.

Ibn Arabí realizó el camino desde El Cairo y Jerusalén hacia la Meca, adonde peregrinó en 1202. Allí pasó aproximadamente dos años estudiando y escribiendo en compañía de las familias más influyentes y cultas de la ciudad.

Fue aquí donde se inspiró para componer su  famosa colección de poemas “El intérprete de los deseos”, poemas de amor que acercan a la asombrosa percepción de los estados y las condiciones del camino espiritual.

 

Mucha gente se escandalizó por sus imágenes aparentemente eróticas y sensuales, y le obligaron  a escribir un comentario sobre ellas en su propia defensa. Es una suerte que lo hiciera, ya que sus comentarios nos ayudan a revelar la extraordinaria profundidad del significado que brinda con imágenes poéticas.

 

Obras

 

La mayor parte de su tiempo en la Meca la dedicó a escribir. Terminó varios trabajos importantes, y comenzó  la enorme enciclopedia de conocimiento esotérico, Al-futûhât al-Makkiyya (Las iluminaciones de La Meca).

Al parecer mientras lo escribía solía completar tres cuadernos al día, dondequiera que se encontrara.

 

Este proceso debió continuar durante la mayor parte de unos 30 años, ya que la primera edición o redacción no se terminó hasta 1231. Es interesante que todo su trabajo parece empezar desde la misma madurez de visión. No hay ninguna sensación de progresión en la comprensión de una obra a la siguiente, sencillamente hay un cambio de enfoque según la naturaleza del asunto y el público.

 

Por lo tanto, sus obras tienen los ricos condimentos de un gran chef que muestra la gama completa de sabores en su cocina. Esto se puede explicar en parte por la manera como escribía. Él mismo describe:

 

Las obras que he escrito nunca han tenido una serie de objetivos, como las de otros escritores. Los destellos de inspiración divina solían encontrarme por casualidad y casi abrumarme, de modo que yo sólo pudiera expresarlos al convertir al papel lo que me revelaban. Si mis obras muestran cualquier forma de composición, dicha forma es involuntaria. Escribí algunas obras por orden de Dios, que me llegaron mientras dormía o mediante una revelación mística......Mi corazón se adhiere a la puerta de la Presencia Divina, esperando atentamente a lo que venga cuando la puerta se abra. Mi corazón es pobre y está necesitado, vacío de cualquier conocimiento. Cuando al corazón se le aparece algo detrás de la cortina, el corazón se apresura a obedecer y lo establece de acuerdo con los límites prescritos.

 

“Sufis de Andalucía” (“Los Sufíes de Andalucía”), p48 y Al-futûhât I. 59. (Trad. al inglés por Chittick)

 

Este principio es más evidente en Fusûs al-hikam (Los engarces de la sabiduría) que en ninguna otra parte. Esta obra, a pesar de ser relativamente corta, ha sido llamada “el testamento espiritual del maestro”. Se trata de una meditación ampliada sobre el significado de los profetas principales según se retrata en el Corán. Ibn Arabi nos dice en la introducción que él mismo recibió el libro al completo, en un sueño verídico, del Profeta Muhammad, que le dijo: “Esto es el libro del Fusûs al-hikam; tómalo y muéstraselo a la gente para que se beneficie de él”.

 

Si los 560 capítulos de las Futûhât se pueden comparar a una enciclopedia, que detalla cada aspecto de la vida espiritual - el significado de Islam, acontecimientos de la vida del Profeta, el Corán y el Hadiz, principios de jurisprudencia, la constitución del ser humano, el camino por el cual la perfección humana se puede realizar, la cosmología, el papel de las instituciones políticas, etc. - entonces Fusûs se puede ver como un mapamundi único de la Sabiduría Divina, donde cada país profético se muestra en su ajuste global. Obviamente el libro trata de la herencia semítica desde Adán (a quien se considera en el esoterismo islámico como el prototipo del ser humano) a Muhammad (Mahoma), sin aventurarse en las enseñanzas del Extremo Oriente. Aquí se encuentra, con toda seguridad, un área rica de estudio para futuras generaciones, para ver lo que Ibn Arabi tiene que ofrecer en términos del más amplio ecumenismo de espiritualidad mundial.

 

Influencia

 

Fusûs al-hikam en particular jugó un papel central en la tradición islámica sucesiva, e inspiró varios comentarios que son clásicos de la literatura mística por su propio mérito. A través de su hijastro y discípulo, Sadr ad-Din Qunawi (en turco, Sadruddin Konevi), sus enseñanzas  llegaron al Sufismo Oriental, notablemente a Fajruddin Iraqi, Yalaluddin Rumi y Abdul Karim Al-Yili. Según algunos eruditos, la mayor parte de la escritura de Dante Alighieri se vio influida por el planteamiento de Ibn Arabi sobre la búsqueda espiritual, mientras que recientemente, con la llegada de varias traducciones, su trabajo se ha comenzado a leer más ampliamente en Occidente. El Doctor Austin, de la Universidad de Durham (Inglaterra), estudioso y traductor de los trabajos de Ibn Arabi, lo ha descrito así:

 

“Ibn Arabi dio forma a las enseñanzas y percepciones de las generaciones de sufíes que le precedieron y registró sistemática y detalladamente el enorme fondo de experiencia sufí y tradición oral por primera vez, utilizando un tesoro de términos técnicos y símbolos enormemente enriquecidos durante siglos de encuentro entre los mundos musulmanes y neo-helenísticos... todos los que vinieron después de él recibieron estas enseñanzas a través del filtro de su expresión sintética. "

 

 “Sufis of Andalusia” (“Los Sufíes de Andalucía”), p48.

 

El hecho de que su trabajo se sitúe en un nivel tan universal es especialmente relevante en la actualidad, ya que hay, por una parte, un gran peligro de “tirar el grano con la paja”, al abandonar toda tradición y práctica religiosa en un esfuerzo por conseguir una comprensión adecuada al mundo contemporáneo; mientras por otra parte hay una tendencia a permanecer demasiado tiempo “en la bañera”, bajo la aparente seguridad de una forma o creencia. Ibn Arabi nos recuerda que “El hombre de sabiduría nunca se permitirá verse envuelto en una única forma o creencia, porque se conoce a Sí mismo”. (Extraído del libro “The Kernel of the Kernel” (El núcleo del núcleo), Beshara Publications.)

 

 

Última etapa

 

Ibn Arabi viajó mucho durante casi veinte años, visitando Jerusalén, Bagdad, Konya (Turquía) y Alepo (Siria), y finalmente se instaló en Damasco en 1223 e hizo de esta ciudad su hogar durante los últimos 17 años de su vida. Su influencia y fama se habían extendido por todo el mundo árabe, y le llamaron elShayj al-Akbar, el Gran Maestro.

Sus estudiantes eran personas de toda condición social, desde reyes hasta mendigos. Un hombre en concreto vivía en Egipto, pero pensaba que las condiciones que se daban allí eran insoportables, así que caminó hasta llegar  a Damasco, a una distancia de 800km aproximadamente. Cuando llegó, el Shayj se dirigió a él con el siguiente poema:

Hay lugares que no ofrecen más que un escaso consuelo, mientras que otros ofrecen un gran placer. Sin embargo, haz del Señor el pilar y el refugio de tu alma, dondequiera y comoquiera que te encuentres.

 

Poema inédito extraído del Diwân de Ibn Arabi, cortesía del Dr. Austin.

 

Ibn Arabi nunca tuvo miedo de implicarse en la vida social y política que le rodeaba. No todo fue un camino de rosas, sin embargo, ya que solía entrar en conflicto con las autoridades religiosas e incluso una vez se vio forzado a abandonar Egipto para evitar las acusaciones de herejía y su posible ejecución. De hecho, esta actitud ha durado incluso hasta nuestros días: el gobierno egipcio prohibió sus trabajos en los años setenta, y estos todavía son difíciles de encontrar en muchos países islámicos. No obstante, en su día tuvo relaciones buenas e influyentes con varios gobernantes notables. Uno de ellos, Zahir el rey de Alepo, quería ejecutar a un hombre de su corte por revelar un secreto estatal, y cuando Ibn Arabi se enteró de ello, le dijo al rey: “¡Imaginas que tienes la dignidad del reinado y que eres un Sultán! Por Dios, no sé de ningún pecado en el mundo que sea tan duro como para que no lo pueda perdonar, y eso que sólo soy uno de tus súbditos. ¿Cómo puede ser entonces que no puedas perdonar un crimen que no comete transgresión alguna según la ley de Dios? Realmente, tu real magnanimidad es mísera de verdad”. Ante esto, el rey se sintió avergonzado y puso al hombre en libertad.

Ibn Arabi muere en Damasco el 16 de noviembre de 1240 (año 638 de la Hégira), a la edad de setenta y seis años. Sus grandes logros tuvieron una gran repercusión en el mundo islámico y más allá. Limitar su mensaje a los musulmanes restaría importancia a su grandeza, a no ser que tomemos la palabra musulmán en su sentido literal, como Ibn Arabi a menudo nos anima a hacer, esto es, los que han rendido su voluntad a la voluntad de Dios.

 

El carácter universal de sus enseñanzas las hace perfectamente apropiadas hasta el día de hoy.

 

Damasco. Tumba de Ibn Arabí en la actualidad.

 

Como un eminente profesor de estudios semíticos me comentó hace poco, después de leer a Ibn Arabi uno lee a los griegos de manera diferente. Uno podría afirmar sin  miedo a exagerar que para cualquiera que busque honestamente  la verdad, después de  leer a  Ibn Arabi leerá todo de manera diferente.

 

La religión del Amor que profesa tan ardientemente está fundada en la razón, pero no es solamente un brillante planteamiento metafísico, como algunos  lo han caracterizado, ni tampoco es una teoría para rivalizar o reemplazar otras teorías. Para Ibn Arabí son los derechos de nacimiento esenciales del ser humano y su prerrogativa, y dedicó toda su vida a la verificación y la explicación de lo que realmente significa ser humano. En sus propias palabras:

 

Dios se me apareció en el fondo del alma y me dijo “hazle saber a mis siervos aquello que has verificado de mi generosidad... ¿Por qué mis siervos pierden la esperanza en Mi Misericordia, cuando Mi Misericordia lo abarca todo?”

 

Futuhat I. 709. Trad. al inglés por Addas, como anteriormente